1CIERTAMENTE dado he mi corazón á todas estas cosas, para declarar todo esto:
2Todo
3Este mal hay entre todo lo que se hace debajo del sol, que todos tengan un mismo suceso, y también que el corazón de los hijos de los hombres esté lleno de mal, y de enloquecimiento en su corazón durante su vida: y después, á los muertos.
4Aún hay esperanza para todo aquél que está entre los vivos; porque mejor es perro vivo que león muerto.
5Porque los que viven saben que han de morir: mas
6También su amor, y su odio y su envidia, feneció ya: ni tiene ya más parte en el siglo, en todo lo que se hace debajo del sol.
7Anda,
8En todo tiempo sean blancos tus vestidos, y nunca falte ungüento sobre tu cabeza.
9Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de la vida de tu vanidad, que te son dados debajo del sol, todos los días de tu vanidad;
10Todo lo que te viniere á la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el sepulcro, adonde tú vas, no hay obra, ni industria, ni ciencia, ni sabiduría.
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13También vi esta sabiduría debajo del sol, la cual me parece grande:
14Una pequeña ciudad, y pocos hombres en ella; y viene contra ella un gran rey, y cércala, y edifica contra ella grandes baluartes:
1 Sabiduría y necedad.
2 Sobriedad y diligencia.
15Y hállase en ella un hombre pobre, sabio, el cual libra la ciudad con su sabiduría; y nadie se acordaba de aquel pobre hombre.
16Entonces dije yo:
17Las palabras del sabio con reposo son oídas, más que el clamor del señor entre los necios.
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