1Y HABLANDO ellos al pueblo, sobrevinieron los sacerdotes, y
2Resentidos de que enseñasen
3Y les echaron mano, y los pusieron en la cárcel hasta el día siguiente; porque era ya tarde.
4Mas muchos de los que habían oído la palabra, creyeron; y fué el número de los varones
5Y aconteció al día siguiente, que se juntaron en Jerusalem los príncipes de ellos, y los ancianos, y los escribas;
6Y Anás,
7Y haciéndolos presentar en medio, les preguntaron: ¿Con qué potestad, ó en qué nombre, habéis hecho vosotros esto?
8Entonce Pedro,
9Pues que somos hoy demandados acerca del beneficio hecho á un hombre enfermo, de qué manera éste haya sido sanado,
10Sea notorio á todos vosotros, y á todo el pueblo de Israel,
11Este es la piedra reprobada
12Y en ningún otro hay salud; porque no hay otro nombre debajo del cielo, dado á los hombres, en que podamos ser salvos.
13Entonces viendo la constancia de Pedro y de Juan,
14Y viendo al hombre que había sido sanado,
15Mas les mandaron que se saliesen fuera del concilio; y conferían entre sí,
16Diciendo:
17Todavía, porque no se divulgue más por el pueblo, amenacémoslos, que no hablen de aquí adelante á hombre alguno en este nombre.
18Y llamándolos,
19Entonces Pedro y Juan,
20Porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído.
21Ellos entonces los despacharon amenazándolos, no hallando ningún modo de castigarlos,
22Porque el hombre en quien había sido hecho este milagro de sanidad, era de más de cuarenta años.
23Y sueltos, vinieron á los suyos, y contaron todo lo que los príncipes de los sacerdotes y los ancianos les habían dicho.
24Y ellos, habiéndolo oído, alzaron
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27Porque verdaderamente se juntaron en esta ciudad
28Para hacer lo que tu mano
29Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y da á tus siervos que con toda confianza hablen tu palabra;
30Que extiendas tu mano á que sanidades, y milagros, y prodigios sean hechos
31Y como hubieron orado,
32Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma: y ninguno decía ser suyo algo de lo que poseía;
33Y los apóstoles
34Que ningún necesitado había entre ellos:
35Y lo ponían á los pies de los apóstoles;
36Entonces José, que fué llamado de los apóstoles por sobrenombre,
37Como tuviese una heredad, la vendió, y trajo el precio, y púsolo á los pies de los apóstoles.