1Y DESPUÉS de estas cosas, designó el Señor aun
2Y les decía:
3Andad,
4
5En cualquiera casa donde entrareis, primeramente decid:
6Y si hubiere allí
7Y posad en aquella misma casa, comiendo y bebiendo lo que os dieren; porque el obrero digno es de su salario. No os paséis de casa en casa.
8Y en cualquiera ciudad donde entrareis, y os recibieren, comed lo que os pusieren delante;
9Y sanad los enfermos que en ella hubiere, y decidles:
10Mas en cualquier ciudad donde entrareis, y no os recibieren, saliendo por sus calles, decid:
11Aun el polvo que se nos ha pegado de vuestra ciudad á nuestros pies, sacudimos
12Y os digo que
13¡Ay de ti,
14Por tanto, Tiro y Sidón tendrán más remisión que vosotras en el juicio.
15Y tú, Capernaum, que hasta los cielos estás levantada, hasta los infiernos serás abajada.
16El que á vosotros oye,
17Y volvieron
18Y les dijo:
19He aquí
20Mas no os gocéis de esto, que los espíritus se os sujetan; antes
21En aquella misma
22Todas las cosas me son entregadas de mi Padre: y nadie sabe quién sea el Hijo sino el Padre; ni quién sea el Padre, sino el Hijo, y á quien el Hijo lo quisiere revelar.
23Y vuelto particularmente á los discípulos, dijo:
24Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oir lo que oís, y no lo oyeron.
25Y he aquí, un doctor de la ley se levantó, tentándole y diciendo:
26Y él dijo: ¿Qué está escrito de la ley? ¿cómo lees?
27Y él respondiendo, dijo:
1 El buen samaritano.
2 La oración dominical.
28Y díjole: Bien has respondido: haz esto, y vivirás.
29Mas él, queriéndose
30Y respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalem á Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; é hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto.
31Y aconteció, que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole,
32Y asimismo un Levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, se pasó de un lado.
33Mas
34Y llegándose, vendó sus heridas, echándo les aceite y vino; y poniéndole sobre su cabalgadura, llevóle al mesón, y cuidó de él.
35Y otro día al partir, sacó dos
36¿Quién, pues, de estos tres te parece que fué el prójimo de aquél que cayó en manos de los ladrones?
37Y él dijo: El que usó con él de misericordia. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.
38Y aconteció que yendo, entró él en una aldea: y una mujer llamada
39Y ésta tenía una hermana que se llamaba María, la cual
40Empero Marta se distraía en muchos servicios; y sobreviniendo, dice: Señor, ¿no tienes cuidado que mi hermana me deja servir sola? Dile pues, que me ayude.
41Pero respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, cuidadosa estás, y con las muchas cosas estás turbada:
42Empero una cosa es necesaria; y María escogió la buena parte, la cual no le será quitada.