1Y HABIENDO
2Y he aquí un varón llamado Zaqueo, el cual era el principal de los publicanos, y era rico;
3Y procuraba ver á Jesús quién fuese; mas no podía á causa de la multitud, porque era pequeño de estatura.
4Y corriendo delante, subióse á un árbol sicómoro para verle; porque había de pasar por allí.
5Y como vino á aquel lugar Jesús, mirando, le vió, y díjole: Zaqueo, date priesa, desciende, porque hoy es necesario que pose en tu casa.
6Entonces él descendió apriesa, y le recibió gozoso.
7Y viendo esto, todos
8Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy á los pobres; y si
9Y Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación á esta casa; por cuanto
10Porque
11Y oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalem, y porque
12Dijo pues:
13Mas llamados diez siervos suyos, les dió diez minas, y díjoles: Negociad entre tanto que vengo.
1 Las diez minas.
2 Jesús entra en Jerusalem.
14Empero sus ciudadanos le aborrecían, y enviaron tras de él una embajada, diciendo: No queremos que éste reine sobre nosotros.
15Y aconteció, que vuelto él, habiendo tomado el reino, mandó llamar á sí á aquellos siervos á los cuales había dado
16Y vino el primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas.
17Y él le dice: Está bien, buen siervo; pues que
18Y vino otro, diciendo: Señor, tu mina ha hecho cinco minas.
19Y también á éste dijo: Tú también sé sobre cinco ciudades.
20Y vino otro, diciendo: Señor, he aquí tu mina, la cual he tenido guardada en un pañizuelo:
21Porque tuve miedo de ti, que eres hombre recio; tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste.
22Entonces él le dijo: Mal siervo, de tu boca te juzgo. Sabías que yo era hombre recio, que tomo lo que no puse, y que siego lo que no sembré;
23¿Por qué, no diste mi dinero al banco, y yo viniendo lo demandara con el logro?
24Y dijo á los que estaban presentes: Quitadle la mina, y dadla al que tiene las diez minas.
25Y ellos le dijeron: Señor, tiene diez minas.
26Pues yo os digo
27Y también á aquellos mis enemigos que no querían que yo reinase sobre ellos, traedlos acá, y degolladlos delante de mí.
28Y dicho esto,
29Y aconteció,
30Diciendo: Id á la aldea de enfrente; en la cual como entrareis, hallaréis un pollino atado, en el que ningún hombre se ha sentado jamás; desatadlo, y traedlo.
31Y si alguien os preguntare, ¿por qué lo desatáis? le responderéis así: Porque el Señor lo ha menester.
32Y fueron los que habían sido enviados, y hallaron como les dijo.
33Y desatando ellos el pollino, sus dueños les dijeron: ¿Por qué desatáis el pollino?
34Y ellos dijeron: Porque el Señor lo ha menester.
35Y trajéronlo á Jesús;
36Y yendo él tendían sus capas por el camino.
37Y como llegasen ya cerca de la bajada del monte de las Olivas, toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzaron á alabar á Dios á gran voz por todas las maravillas que habían visto,
38Diciendo: ¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor: paz en el cielo,
39
40Y él respondiendo, les dijo: Os digo que si éstos callaren, las piedras clamarán.
41Y como llegó cerca viendo la ciudad, lloró sobre ella,
42Diciendo: ¡Oh si también tú conocieses, á lo menos en este tu día, lo que toca á tu paz! mas ahora está encubierto de tus ojos.
43Porque vendrán días sobre ti, que tus enemigos
44Y te derribarán á tierra, y á tus hijos dentro de ti;
45Y
1 Del bautismo de Juan.
2 Los labradores malvados.
46Diciéndoles: Escrito está:
47Y enseñaba cada día en el templo; mas los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y los principales del pueblo procuraban matarle.
48Y no hallaban qué hacerle, porque todo el pueblo estaba suspenso oyéndole.