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2Y he aquí
3Y he aquí, algunos de los escribas decían dentro de sí: Este blasfema.
4Y
5Porque, ¿qué es más fácil, decir: Los pecados te son perdonados; ó decir: Levántate, y anda?
6Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados, (dice entonces al paralítico): Levántate, toma tu cama, y vete á tu casa.
7Entonces él se levantó y se fué á su casa.
8Y las gentes, viéndolo, se maravillaron, y glorificaron á Dios, que había dado tal potestad á los hombres.
9
10Y aconteció que estando él sentado á la mesa en casa, he aquí que
11Y viendo esto los Fariseos, dijeron á sus discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los
12Y oyéndolo Jesús, le dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos.
13Andad pues, y aprended qué cosa es:
14
15Y Jesús les dijo:
16Y nadie echa remiendo de paño recio en vestido viejo; porque el tal remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura.
17Ni echan vino nuevo en cueros viejos: de otra manera
18Hablando él estas cosas
19Y se levantó Jesús, y le siguió, y sus discípulos.
20Y he aquí una mujer enferma
21Porque decía entre sí: Si tocare solamente su vestido, seré salva.
22Mas Jesús volviéndose, y mirándola, dijo: Confía, hija,
23Y
24Díceles: Apartaos, que la muchacha no es muerta, mas
25Y como la gente fué echada fuera, entró, y tomóla de la mano, y se levantó la muchacha.
26Y salió esta fama por toda aquella tierra.
1 Curación de dos ciegos.
2 La misión
27Y pasando Jesús de allí, le siguieron
28Y llegado á la casa, vinieron á él los ciegos; y Jesús les dice: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dicen: Sí, Señor.
29Entonces
30Y los ojos de ellos fueron abiertos. Y Jesús les encargó
31Mas ellos salidos,
32Y saliendo ellos,
33Y echado fuera el demonio, el mudo habló; y las gentes se maravillaron, diciendo: Nunca ha sido vista cosa semejante en Israel.
34Mas los Fariseos decían:
35Y rodeaba Jesús por todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos,
36Y viendo las gentes,
37Entonces dice á sus discípulos:
38Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros á su mies.